Cuento de Navidad (II). El desenlace.

La mañana de Navidad, Theresa descubrió los diminutos zapatos de muñeca dentro de los suyos. Sus ojos brillaron de alegría cuando se volvió a su abuelo y dijo: “Mira lo que me trajo Santa Claus, abuelo. Él sabe hacer zapatos como tú y ni siquiera tuviste que enseñarle”.

Theresa conservó con cuidado los pequeños botines como un recuerdo del profundo y mutuo cariño que compartió con su amado abuelo Pasaron los años. Se acercaba la Navidad cuanto Theresa decidió donar los zapatos al Museo Internacional del Calzado en Romans. Tenía noventa y cinco años de edad. Al donarlos, la anciana dijo: “El abuelo mira desde arriba. Qué feliz debe estar de ver sus botines junto con los miles de pares reunidos aquí, creados por personas que han practicado su mismo oficio desde hace más de cuatro mil años hasta la actualidad”.

El museo no pudo haber pedido un regalo más maravilloso que los zapatos de muñeca de Theresa”.

Botines para la muñeca Rosalie alrededor de 1889. Regalo de un zapatero a su nieta en Navidad. Museo internacional del Calzado, Romans.

Botines para la muñeca Rosalie alrededor de 1889. Regalo de un zapatero a su nieta en Navidad. Museo internacional del Calzado, Romans.

Fuente: El arte del zapato. Marie -Josèphe Bossan. Edimat 2008.