Cuento de Navidad (I)

Los cuentos de Navidad tienen a veces a los zapatos como protagonistas. Pero lo que tienen siempre son historias de amor, esta vez entre un abuelo y su querida nieta. Completamente real.

 

“A la edad de ocho años, Theresa jugaba con una muñeca como otras niñas de su edad. La muñeca de Theresa llevaba un vestido azul arrugado y tenía ojos de porcelana, pero no tenía zapatos. Era una omisión grave porque Theresa era la nieta de un zapatero magistral.

De camino de la escuela a casa, Theresa nunca olvidaba detenerse en el taller de su abuelo para darle un beso. Allí, con ayuda de unos cuantos trabajadores, se hacían zapatos artesanos cosidos a mano. Los jueves, cuando no había escuela, la niña solía pasar las tardes en el taller, del que emanaba un olor a cuero, pegamento y betún. Theresa escudriñaba todos los rincones entre la mesa de trabajo y los estantes llenos de madera y cajas de clavos, mientras los sonidos monótonos del taller resonaban a su alrededor: el sonido de los alicates al introducir los clavos en el cuero y el sonido del martillo.

 

Una fría y oscura tarde de noviembre en 1889, la niña, con la muñeca en brazos, abrió la puerta y entró en el taller como un rayo de sol que llena el lugar de alegría. En ese mismo instante, los ojos del abuelo se dirigieron a los pies descalzos de la muñeca. Theresa, que no podía dejar de explorar el mundo del taller de zapatero, colocó a su “hija” en un taburete.

mesa de trabajo antigua en un taller zapatero

Aprovechando el momento, su abuelo midió rápidamente los pies de la muñeca. Al terminar el día, y en secreto, el artesano se puso a hacer unos botines en miniatura para la muñeca. En Nochebuena, los envolvió en papel de seda y, mientras la niña dormía, colocó los zapatos de muñeca dentro de los zapatos de su nieta, delante de la chimenea…