El columpio y el zapato.

Uno de los cuadros más conocidos de la historia en donde el elemento principal es un zapato es El columpio de Jean Honoré Fragonard. La primera vez que uno lo ve parece bastante cursi, todo tan rosa, tan pastel, tan cándido, tanta enagua… Si a una mujer le parece ñoño un hombre se para una décima de segundo a mirarlo y sigue su camino.

Cuadro del columpio de Jean Honore Fragonard

Pero ¿son las cosas siempre lo que parecen? Definitivamente no. En teoría, el cuadro representa una delicada escena donde una bella joven con un magnífico vestido mueve sus piernas para impulsarse en un columpio. De forma casual un zapato abierto, una delicada chinela, se escapa del pie justo encima de un joven medio escondido entre la vegetación de un jardín. Mientras, un hombre maduro tira con plácida expresión de unas cuerdas del columpio.

Sin embargo, este es uno de los cuadros más escandalosos, atrevidos y engañosos que se conocen. ¿Increíble? Pues fijémonos bien.

Este hombre maduro, que el pintor deja relegado en las sombras, es el marido de la joven que con una sonrisa feliz columpia a su esposa. ¿O la sujeta con las cuerdas para que vuelva hacia él?

El supuesto marido del cuadro el columpio de Jean Honoré Fragonard

El otro hombre, el joven al que el pintor ha querido iluminar más que al marido, es el amante de la joven que la mira con cara de extasiado. También es el barón rico que encargó la obra y la razón por la que está tumbado sobre la hierba, medio escondido en el propio jardín de la casa y apartando las hojas con su sombrero, no tiene nada de inocente.

el amante de la dama que se columpia en el cuadro el columpio de Jean Honore Fragonard

Y aquí llega la figura central del cuadro, la deliciosa dama a la que se le cae el zapato y cuya cara refleja una inocencia cómplice con su amante, incluso el gesto del dedo parece ir a pedir silencio a la boca. La fuerza que transmite esta escena está concentrada en la coquetería con la que sale volando una pequeña chincela. El zapato no sale despedido por casualidad, porque el del otro pie permanece en su sitio. Para ello, hay que levantar una pierna, movimiento lógico en el impulso de un columpio pero que aquí tiene un objetivo: el ángulo de visión del hombre joven hace que sea capaz de visualizar lo que hay bajo las enaguas, en un claro juego de voyeurismo y seducción del que hace también partícipe al espectador.

jovencita

¿Parecía una escena bucólica, verdad? Pues básicamente podría reflejar la venganza de la mujer hacia el matrimonio de conveniencia en una sociedad hipócrita. El adulterio era considerado un pecado entre las mujeres de la clase trabajadora de la época, pero no entre las clases altas del siglo XVIII francés. La razón es que las bodas se concertaban por interés para aliar sagas familiares y no mezclarse con clases inferiores. Era una manera también de concentrar poder y riqueza en unas cuantas familias nobles. No es de extrañar que, una vez que se aseguraba la descendencia, las mujeres jóvenes casadas por interés con hombres mucho mayores que ellas viviesen aventuras amorosas. Parece lógico pensar que la delicada dama convenció a su amante para encargar una obra que se riese de su marido, de la sociedad que los criticaba y de la doble moral imperante. De hecho, esta obra tan inocente fue rechazada por el primer pintor al que se le encargó por el atrevimiento que suponía pintar esta escena.

Un zapato con un mensaje escondido, para quien quiera descifrarlo y entenderlo. En otro post ya os enseñamos uno de los secretos de la tienda, el espejo, y ya sabéis que nos gustan las cosas en las que hay que fijarse bien. La segunda lectura de este cuadro junto con la sensualidad y el refinamiento que refleja la dama nos inspiró. ¿Os habéis fijado en nuestras cortinas?

cortinas tienda zapatos un pie en versailles

¿No las veis bien? Aquí tenéis el dibujo.

patron cortinas zapateria un pie en versailles

Y ahora una pregunta al aire, ¿todavía pensáis que Un pie en Versailles es sólo el nombre de una tienda que vende zapatos?