La versaillina insolente.

Nos lo habíais pedido muchas veces: queremos una versaillina con un poco de tacón. Pero no sabíamos exactamente cómo diseñar una bailarina que representase el espíritu de Versailles y a la vez fuese actual. La mente repetía ¡con un poco de tacón, con un poco de tacón!… y un día, viendo fotos… ocurrió. Ahí estaba el cuadro, ahí estaban los símbolos, ahí estaba el zapato.

 

La Historia

“En la década de 1670 Luis XIV firmó un edicto donde solo los miembros de su corte podían calzar zapatos con tacones rojos, lo que los convirtió en una señal suprema de poder, prestigio y exclusividad. Poder porque significaba virilidad en forma de color marcial (se cree que podía representar la sangre de los enemigos aplastados bajo los pies), prestigio porque en esa época era un color difícil y caro de conseguir sólo accesible a unos pocos y la exclusividad venía dada por la prohibición del rey a que lo usase cualquiera que no perteneciese a su selecto círculo masculino.

El retrato más famoso del monarca fue el que le pintó Rigaud en 1701, es la imagen donde el Rey Sol, un hombre de casi sesenta años, se presenta con una postura de bailarín. Aparece con los atributos de su poder como el manto de la coronación, la espada, el bastón de mando y la corona. Muestra sus piernas cubiertas con medias blancas y calzado con sus zapatos de tacón rojo.

Este retrato fue un regalo para su nieto el rey de España Felipe V pero gustó tanto en la corte que se quedó en Francia”.

cuadro versailles zapatos tacon rojo

La historia

Los tiempos han cambiado mucho. Los hombres ya no usan tacones como símbolo de virilidad y las mujeres hemos alcanzado cuotas de poder inimaginables en aquella época, aunque todavía insuficientes. Por eso los símbolos son importantes. Y transformadores. Cuatro siglos más tarde, el retrato llega a España y unas versaillinas de tacón rojo vuelven a representar poder, prestigio y exclusividad. Pero en los pies de mujeres.

Cuatro siglos más tarde, las María Antonietas modernas podemos renovar la historia de un zapato volviendo a poner un pie en su lugar de origen, en Versailles.

En forma de bailarina, femenina, escotada, forrada con una suavísima piel dorada de cabra. Con un poco de tacón y rematada con una cinta y un lazo con brillos de oro que desafían al Rey Sol.

Es la versaillina insolente.

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